
19:00h, sala de reunions de la redacció de San Pedro Quiere Rosquillas:
El grandísimo San Agustín nos deleita con su primera misa en la que nos explica el motivo de su descenso a la tierra.
Hermanos y hermanas, amigos y amigas, fresadores y fresadoras, seguidores, retractores y contables en general, he descendido de los cielos para repartir mi mensaje…
¿Qué? ¿Que dice aquel maniqueo de allí? ¿¿Mensaje de paz??
San Agustín cae al suelo y se retuerce en carcajadas. Una vez se ha repuesto se levanta y prosigue el discurso.
¡Que mensaje de paz ni que ostia consagrada! ¡Por favor que alguien saque a ese inepto de la sala!
Como iba diciendo, mi misión es repartir el mensaje que se me ha otorgado. Algunos conocerán ya mi vida: Mis confesiones han sido el libro más vendido de la historia, mucho más que “Harry Potter” o que “El código Da Vinci” ¡que lo sepan!
Es cierto que en mi obra Magna me arrepiento de todos mis pecados y alabo a Dios y al cielo, pues bien, ahora que ya vuelo a estar aquí abajo lo puedo decir… ¡TODO ERA MENTIRA!
Todo eso lo decía para poder ser Santo y disfrutar de los placeres divinos una vez muerto.
¿Quién carajo quiere una vida mediocre en la que se debe vestir hábito, beber vino de misa (que por si no lo sabían, no es más que un bric de Don Simón rebajado con agua bendita) y quedarse en casa los sábados en vez de ir a Pacha a ligarse a chavalitas que van más salidas Mª Magdalena el domingo de Ramos?
¡¡A DESPENDOLARSE TODOS!! ¡ESE ES MI MENSAJE!
¡Venga! ¡Usted señora quítese ese cilicio! Que la ayude el caballero si lo tiene demasiado incrustado ¡y usted pater! ¡Arránquese el alzacuello! ¡Fuera sotanas! ¡Fuera votos! ¡A partir de ahora la repostería urbana será la única doctrina que deberán seguir!
¡Síganme hacia la única verdad verdadera! ¡LA MIA! (no la de YOIGO)
El grandísimo San Agustín nos deleita con su primera misa en la que nos explica el motivo de su descenso a la tierra.
Hermanos y hermanas, amigos y amigas, fresadores y fresadoras, seguidores, retractores y contables en general, he descendido de los cielos para repartir mi mensaje…
¿Qué? ¿Que dice aquel maniqueo de allí? ¿¿Mensaje de paz??
San Agustín cae al suelo y se retuerce en carcajadas. Una vez se ha repuesto se levanta y prosigue el discurso.
¡Que mensaje de paz ni que ostia consagrada! ¡Por favor que alguien saque a ese inepto de la sala!
Como iba diciendo, mi misión es repartir el mensaje que se me ha otorgado. Algunos conocerán ya mi vida: Mis confesiones han sido el libro más vendido de la historia, mucho más que “Harry Potter” o que “El código Da Vinci” ¡que lo sepan!
Es cierto que en mi obra Magna me arrepiento de todos mis pecados y alabo a Dios y al cielo, pues bien, ahora que ya vuelo a estar aquí abajo lo puedo decir… ¡TODO ERA MENTIRA!
Todo eso lo decía para poder ser Santo y disfrutar de los placeres divinos una vez muerto.
¿Quién carajo quiere una vida mediocre en la que se debe vestir hábito, beber vino de misa (que por si no lo sabían, no es más que un bric de Don Simón rebajado con agua bendita) y quedarse en casa los sábados en vez de ir a Pacha a ligarse a chavalitas que van más salidas Mª Magdalena el domingo de Ramos?
¡¡A DESPENDOLARSE TODOS!! ¡ESE ES MI MENSAJE!
¡Venga! ¡Usted señora quítese ese cilicio! Que la ayude el caballero si lo tiene demasiado incrustado ¡y usted pater! ¡Arránquese el alzacuello! ¡Fuera sotanas! ¡Fuera votos! ¡A partir de ahora la repostería urbana será la única doctrina que deberán seguir!
¡Síganme hacia la única verdad verdadera! ¡LA MIA! (no la de YOIGO)

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